7. may., 2015

Universidad(es).

A lo largo de la historia, la universidad ha ocupado diferentes lugares que estuvieron signados por los momentos políticos y las características culturales de cada época. Desde los anhelos por transformar realidades injustas o situaciones de desigualdad social, hasta pensarla como herramienta de control estatal sobre la población estudiantil, la universidad puede ser localizada en una escena social con características disímiles. El filósofo Jacques Derrida afirma: “Ni en su forma medieval ni en su forma moderna, ha dispuesto (…) de las condiciones rigurosas de su unidad. Durante más de ocho siglos, ‘universidad’ habrá sido el nombre dado por nuestra sociedad a una especie de cuerpo suplementario que ha querido a la vez emancipar y controlar. Por ambas razones, se supone que la Universidad representa la sociedad”.Esta representación con dos caras bien definidas y sus oposiciones denotan que no hay consenso con relación a lo que la universidad debe hacer: emancipar a los ciudadanos de cadenas que los condicionan (simbólicas, materiales, históricas), o bien controlar a las personas (disciplinar, tecnificar, neutralizar).Ahora bien, si estamos frente a un momento nuevo en la economía denominado “posneoliberalismo”, definirlo y trazar su trayectoria epocal es una de las tareas de la universidad. Pero además, la definición de un sistema de poder político que acompañe o fundamente ese pos-neo-liberalismo es un lugar en el que claramente la universidad puede constituirse con un perfil tendiente a lo emancipatorio. De lo contrario, su rol se reduciría a una definición técnica del concepto, optando así por ser elemento de control ideológico bajo la pretensión de la neutralidad científica. AUO.