Genealogía del recuerdo.

31. ago., 2015
17. jun., 2015

Genealogía del recuerdo pretende desde el título marcar el destino de esta escritura, porque no busca en la mirada retrospectiva encontrar un origen (como si fuese un gran árbol genealógico), sino formas de surgimiento y emergencia de lo acontecido. Aún cuando alguien pretenda reproducir imágenes, situaciones, relatos, tal cual sucedieron; nuestros recuerdos nos juegan muchas veces una mala pasada y otras tantas se nutren de una trama social que remarca lo que recordamos, que contradice lo que se rememora. 

Michel Foucault (1983:134) lo expresa claramente:

"La genealogía es gris; es meticulosa y pacientemente documentalista. Trabaja sobre sendas  embrolladas, garabateadas, muchas veces reescritas. Paul Ree se equivoca, como los ingleses, al describir  las génesis lineales, al ordenar, por ejemplo, con la única preocupación de la utilidad, toda la historia de la  moral: como si las palabras hubiesen guardado su sentido, los deseos su dirección, las ideas su lógica;  como si este mundo de cosas dichas y queridas no hubiese conocido invasiones, luchas, rapiñas, disfraces,  trampas. De aquí se deriva para la genealogía una tarea indispensable: percibir la singularidad de los  sucesos, fuera de toda finalidad monótona; encontrarlos allí donde menos se espera y en aquello que pasa  desapercibido por no tener nada de historia --los sentimientos, el amor, la conciencia, los instintos--,  captar su retorno, pero en absoluto para trazar la curva lenta de una evolución, sino para reencontrar las diferentes escenas en las que han jugado diferentes papeles; definir incluso el punto de su ausencia, el momento en el que no han tenido lugar (...)".

Es a partir de Nietzsche que la genealogía deja de buscar el origen, la esencia de las cosas. Porque -como agrega Foucault-  las palabras no han guardado su sentido, ni los deseos conservan su dirección, tampoco las ideas permanecen enlazadas a una misma lógica; todo lo dicho conserva -a pesar del sujeto que recuerda- invasiones, luchas, rapiñas, disfraces, trampas. Y por eso la tarea es la de percibir la singularidad de los sucesos.

Para este objetivo es fundamental convocar a los testigos, porque en cada uno de ellos y de su derrotero habita esa singularidad. Genealogía del recuerdo es precisamente esto, ir al encuentro de la memoria singular para situarla en las voces de la memoria colectiva.

Al mismo tiempo y entre paréntesis “hacer aparecer las siluetas”, concepto que guarda al menos dos direcciones: la silueta de una época que se esfuma en el conformismo del presente, sobre todo en los que insisten en el olvido, u oponen el pasado al futuro en la pretensión de mirar hacia el porvenir sin tener en cuenta las procedencias, las herencias, los ecos que llegan por detrás del telón. La otra dirección es la de las siluetas que aparecen en el escenario público reclamando por los desaparecidos, como hizo Eduardo Gil en una exposición de fotografías tomadas por él durante la III Marcha de la Resistencia realizada el 21 de septiembre de 1983 al recuperar una de las acciones artístico-políticas más memorables de la historia argentina que se conoce como el “Siluetazo”.

Ana Longoni (compiladora junto a Gustavo Bruzzone del libro El Siluetazo) dice: "El Siluetazo es la más recordada práctica artístico-política que proporcionó una potente visualidad en el espacio público al movimiento de derechos humanos a fines de la última dictadura argentina. Se trata de uno de esos momentos excepcionales de la historia en que una iniciativa artística coincide con la demanda de un movimiento social, y toma cuerpo por el apoyo de una multitud".

El ejercicio de la memoria es una metáfora de esa práctica artística, dibujar siluetas y completar las figuras con los relatos, las experiencias, los sucesos vividos y experimentados por quienes estuvieron en el tiempo y el lugar de un pasado de desapariciones forzadas, exilios, prisiones, torturas.

Pero la silueta también representa la búsqueda de la justicia, de la verdad, del re-surgimiento de rostros cubiertos y voces silenciadas violentamente. Es la meta que persigue esta publicación: dar un paso más hacia la justicia y la verdad con relación a lo acontecido en la última dictadura cívico-militar en Argentina.

Somos hijos de Mnemosine