26. mar., 2015

El 24 de marzo no es el 24M.

Por Angelina Uzín Olleros. Especial para Cultura Mundi.

Publicado 24/3/2015.

En Polonia existía una costumbre campesina que Jerzy Kosinski conoció en su infancia, la misma consistía en atrapar algún ave, pintarle las plumas y, después de hacerlo, soltarla para que se reuniera con su bandada. Cuando estos pájaros, con sus notorios colores pintados buscaban reunirse con los suyos, éstos no los reconocían, los veían como enemigos, y los atacaban hasta matarlos a picotazos.

Las dictaduras en América Latina “marcaron” a investigadores, obreros, docentes, trabajadores, militantes de sindicatos, centros de estudiantes, partidos y agrupaciones políticas; los marcaron y mancharon con sangre la diferencia. Los marcaron para eliminarlos. En Argentina a partir del 24 de marzo de 1976, esos “pájaros pintados” por la mano de la represión fueron desaparecidos en gran número, otros escaparon al exilio obligado. Esta ha sido la gran tragedia de la discriminación, de la invalidación y de la creación de víctimas propiciatorias.

Lo que Kosinski muestra en su cuento El pájaro pintado, es la necesidad de un cierto aire de familia, cierta semejanza que nos hace sospechar en la diferencia la enemistad manifiesta que nos impone la alteridad. Ese pájaro de diferente apariencia, es el símbolo perfecto del otro, del extraño, de la víctima propiciatoria. Si el otro se diferencia de los miembros del rebaño, es arrojado fuera del grupo; si es igual a ellos, interviene el hombre y le hace aparecer distinto, a fin de que pueda ser expulsado y destruido. Del mismo modo que Lekh, el personaje del cuento,  pinta a su cuervo, los dispositivos cambian el color de los miembros de la sociedad manchada para legitimar un orden social monocromático. Para el hombre, animal de rebaño, igual que para sus antepasados no-humanos, la seguridad radica en la similitud.

María Seoane y Héctor Ruiz Núñez, ilustran en su libro sobre los procedimientos que desembocaron en “la noche de los lápices”, si existe una imagen que se corresponde con esos “pájaros pintados” que creó Kosinski, son estos estudiantes secundarios que fueron desaparecidos luego de realizar una protesta en reclamo por el boleto estudiantil:

“El coronel Ramón Juan Alberto Camps tenía 49 años cuando se hizo cargo de la jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, el 27 de abril de 1976 (…) Las primeras declaraciones públicas de Camps no dejaron dudas sobre cuál sería su blanco: ‘Se intensificará la lucha contra la subversión’. En ese cometido, el jefe y su Estado Mayor elaboraron una estrategia que incluía la organización de una estructura paralela a la policía. (…) Así nació el Comando de Operaciones Tácticas de Investigaciones, que sembraría el terror bajo la sigla de COTI (…) En poco tiempo, la dedicación de las bandas COTI se vio recompensada por el éxito. Como resultado de sus innumerables operativos, centenares de activistas políticos, dirigentes gremiales y estudiantiles, intelectuales, familiares y simples conocidos de los sospechosos fueron confinados en centros de cautiverio e interrogatorio, en todo el ámbito de la provincia. Los datos arrancados de la tortura originaban otros operativos y alimentaban con nuevos cautivos los ‘pozos’ de detención (…) Una de las preocupaciones permanentes del jefe de Policía era la ‘subversión’ que se refugiaba en las facultades y los colegios secundarios. Consideraba a los estudiantes como el instrumento clásico de los ‘extremistas’ y el peligro mayor porque conjugaban la pasión política con la temeridad juvenil.”

En los establecimientos educativos, en todos los niveles, se “señalaban” a los sujetos peligrosos, desaparecer a los portadores de ideologías “foráneas” y contrarias a los auténticos intereses de la nación argentina, era el “arma” para terminar con la subversión. Los que no fueran “eliminados” ante el temor de pasar por lo mismo (cárcel, tortura y desaparición) renunciarían a su “accionar”.

Los “pájaros pintados” eran marcados en archivos, planillas, documentos, registros… Ellos eran la expresión de la degradación y degeneración de la verdadera “doctrina cristiana”, del auténtico rostro del género humano. La “pedagogía del terror” era una parte significativa del “terrorismo de estado”.

La participación de civiles fue mucho más significativa y relevante de lo que se pensó en los comienzos de esta etapa democrática que comenzó en 1983, asimismo los grupos empresarios, la iglesia católica, fueron parte de este proyecto denominado de “reorganización nacional”.

Vicente Muleiro habla de ese combo militar-civil: “El espectro ideológico de los hombres de armas que asaltan el poder el 24 de marzo de 1976 se movía en un dial que iba del liberalismo conservador al nacionalismo católico con una profusión de matices en el espectro. Había, desde ya, notables diferencias internas y muchas no se pudieron ocultar una vez que estuvieron en el gobierno. Pero un elemento de nuevo y viejo cuño cementó todas las diferencias: la matanza y la desaparición (…) El golpe parido el cuarto día del otoño de 1976 apareció ante la opinión pública como militar-militar. El primer gesto institucional de nombrar ‘delegados militares’ en cada sillón del gabinete nacional lo señalaba (…) Cinco días después del golpe y de la intervenciones militares a todos los ministerios, el 29 de marzo, quedaría develada la intención de fondo del Partido Militar con la entrega del poder llave en mano a José Alfredo Martínez de Hoz, estatua viviente del conservadorismo liberal, descendiente de hacendados beneficiados con aproximadamente 2.500.000 hectáreas cedidas por el general Julio Argentino Roca luego de la Campaña del desierto (…) Lo que hace el Partido Militar al cederle la economía a Martínez de Hoz y a su núcleo duro es, como veremos, mucho más que una adaptación libre del predominio del capital financiero sobre el quehacer industrial: es reconstruir el capitalismo argentino en los términos más retrógrados posibles.”

A partir de la anulación de los indultos y de las leyes de impunidad en Argentina, la continuidad de los juicios a los represores abrió un camino de búsqueda de verdad y justicia que posibilitó y hace posible en el presente nuevos testimonios, nuevos conocimientos y relatos sobre lo sucedido en los años de la dictadura.

Se han creado, además, espacios institucionales, que convergen en la cultura de la memoria colectiva con la finalidad no sólo de rememorar sino también de pensar un futuro en el que la “multiplicidad” de voces, de reclamos, de presentación de nuevos problemas sociales y económicos también sean posibles. Poder habitar la plaza sin censuras, sin mordazas, sin persecuciones. Que todos puedan decir su posición, su disidencia, su protesta…

Un movimiento, una movilización desde y hacia lo plural, lo múltiple, partidos y repartidos en la escena social sin ser señalados para castigar la diferencia. No es una política de la tolerancia, es una política de aceptación de los puntos de vista que divergen en el espacio social, pero que convergen en la libertad.

Actualmente los reclamos de los Organismos de Derechos Humanos en Argentina se amplían hacia los grupos empresarios y los civiles que formaron parte del Golpe del ’76. Los juicios deben continuar en las causas a los militares de entonces, pero deben ampliarse  a los juzgamientos de civiles y grupos económicos que fueron cómplices y se beneficiaron con aquella política de exterminio.

El 24 de marzo no es el 24M; el 24 de marzo es una fecha y lo será siempre, para el ejercicio de la memoria colectiva, para la búsqueda incesante de justicia, para la construcción de una ética de las verdades, una fecha para generar espacios, reflexiones, participaciones en la posibilidad de creer en y crear un “mundo nuevo”. La novedad de este mundo nuevo es la de pensar y hacer de las instituciones del Estado de Derecho una práctica de la libertad hacia la igualdad y la inclusión.

Bibliografía:

Kosinski, Jerzy (1979) El pájaro pintado. Colombia: Círculo Lectores.

Muleiro, Vicente (2011) 1976. El golpe civil. Buenos Aires: Planeta.

Seoane, María y Ruiz Núñez, Héctor (2011) La noche de los lápices. Buenos Aires: DeBolsillo.

Uzín Olleros, Angelina. La metáfora del pájaro pintado. Disponible en: http://www.angelinauzinolleros.com/385804675