3. mar., 2015

Nunca Más.

Por Angelina Uzín Olleros. Especial para El Diario: Cultura Mundi.

Ha fallecido quien fuera Fiscal en el histórico juicio a las Juntas Militares, Julio César Strassera. La historia recordará siempre su frase: “Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: ¡nunca más!”

Nunca más fue el título de la edición en libro del informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. La CONADEP eligió ese nombre por propuesta del rabino y miembro de la comisión Marshall Meyer, siendo la expresión utilizada originalmente por los sobrevivientes del Gueto de Varsovia.

Es, en principio, una frase polémica, porque no reconoce un solo autor; pero también lo es porque  quien fuera su portador al momento de entregar el Informe, el Fiscal Strassera,  también ha sido un personaje polémico en los últimos años con relación a las políticas de derechos humanos en Argentina, cuestionando, a su entender, la apropiación de la lucha del “nunca más” por parte de un gobierno.

El término polémica viene de pólemos, que en griego significa “conflicto” o “controversia”, la polémica es llevar el conflicto al discurso, a la palabra.  Heráclito afirmaba: “panta rhei”, todo corre, todo fluye: la idea central es la de variación, cambio, multiplicidad. Dirá que la guerra o la discordia es el padre de todas las cosas “polemos pater panton”, es decir: justo lo contrario de la unidad. Pólemos significa, entonces, la tensión polar que genera al mundo, el mundo llega a existir por la separación que no disocia ni destruye, estamos inmersos en una tensión que constituye al mundo y la naturaleza.

Como el mundo y la naturaleza, la sociedad no es un todo homogéneo, la pertenencia a un conjunto, cualquiera fuera este, tampoco es la pertenencia inclusiva “absoluta” a un conjunto coherente, sin matices, sin fracturas, sin grietas… Admitirlo nos conduce a admitir también que en la necesidad ética del discernimiento no podemos incluir a todos los particulares a un conjunto cerrado de individuos; tampoco pueden equipararse dos conjuntos diferentes bajo una misma lógica. Existen mundos en plural, el sujeto adviene a uno o algunos de esos mundos, pero cada mundo está sujeto a una lógica y esas lógicas no pueden ser equiparables entre sí.

Pensar la multiplicidad nos asegura también pensar y admitir los cruces, las contradicciones, las alianzas, los enfrentamientos, las lealtades y las traiciones en las que los sujetos históricos que permanecen en el cambio de época, se sitúan. La “permanencia en el cambio” (problema filosófico que se plantearon antes de Sócrates los primeros filósofos), marca el límite ético. ¿Por qué?, porque tanto la ciencia y la filosofía en su búsqueda de “objetividad”, “neutralidad” o “universalidad” en muchas corrientes de pensamiento pretende asegurar esa objetividad en un método o un conjunto de técnicas;  tal objetividad no existe. Existe la pretensión de ser objetivos y el esfuerzo por lograrlo, pero lo que diferencia a un investigador de otro, a un militante de otro, a un maestro de otro, a un funcionario de otro, es el posicionamiento ético en el que se sostiene y su permanencia en una moral determinada.

También resulta polémico el Prólogo del informe Nunca Más escrito por Ernesto Sábato en 1984. Bajo la influencia de la Teoría de los dos demonios, Sábato afirma: “Durante la década del '70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares”.

Equipara  bajo la definición de “terrorismo” a dos violencias que se distinguen por venir de diferentes sectores, pero que en “esencia” son lo mismo: son producto del terror. La comparación con lo ocurrido en Italia (también algunos comparaban con España y la ETA) pierde de vista la complejidad propia del caso argentino, fundamentalmente porque los que fueron víctimas de la desaparición forzada no provenían de la extrema izquierda, ni mucho menos pertenecían en su totalidad a grupos armados guerrilleros o terroristas.

Osvaldo Bayer en el año 2001 dijo al respecto: “Inventar demonios es mucho más fácil que preguntarse el por qué de las órdenes brutales de la represión. Hablemos de las víctimas. Hoy todavía calificadas por muchos como el otro demonio. ¿Quiénes están habilitados para juzgar? En general, analistas y medios se basan en tres o cuatro figuras dudosas para juzgar el empuje de una generación. Esto sí hace pensar en lo erróneamente trágico que fue, para parte de la juventud, creer en cúpulas cerradas. Lo que sí es reivindicable fue su espíritu de protesta, su protagonismo ante tanto miedo y servilismo de una sociedad que había aprendido a decir que sí a todo y a confundir el ruido de los tanques en la calle como el del tránsito de vehículos de todos los días”.

En el año 2006 a 30 años del Golpe se reedita el informe Nunca Más con un nuevo Prólogo, esta circunstancia también ha sido fuente de debates y discusiones, el reemplazo del prólogo de Ernesto Sábato ha reavivado la disputa (imaginaria) por el patrimonio de los derechos humanos en Argentina. El nuevo prólogo, mucho más breve, firmado por un organismo: Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, afirma: “Nuestro país está viviendo un momento histórico en el ámbito de los derechos humanos, treinta años después del golpe de Estado que instauró la más sangrienta dictadura militar de nuestra historia. Esta circunstancia excepcional es el resultado de la confluencia entre la decisión política del gobierno nacional que ha hecho de los derechos humanos el pilar fundamental de las políticas públicas y las inclaudicables exigencias de verdad, justicia y memoria mantenidas por nuestro pueblo a lo largo de las últimas tres décadas”.

Pasaron 21 años entre un Prólogo y otro, las diferencias son notables; en el prólogo de 2006 existe una clara referencia a los sucesos sociales y políticos ocurridos en esos años: las leyes de impunidad, los indultos, la política neoliberal de los ’90 (que daba continuidad al proyecto de la dictadura en términos económicos), la crisis del 2001… No sin valorar el aporte y la vigencia de este informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas tan cercano al fin de la última dictadura, el prólogo del 2006 remarca las políticas públicas y sociales en los términos de una “ética de la responsabilidad” y los “derechos humanos”. Remarcando también que en el año 2004 la ESMA se transformó en un espacio de memoria, espacio que reemplaza una “pedagogía del terror” por una “pedagogía orientada a la búsqueda de verdad y justicia” a través de la memoria colectiva.

En el presente sería necio negar la importancia del trabajo de la CONADEP, de sus integrantes, de la decisión política de investigar los crueles y horribles sucesos de la dictadura. La polémica que Strassera llevó adelante es parte de una puja por interpretaciones y asignaciones de sentido a las luchas en diferentes momentos de nuestra historia reciente por lograr la justicia en los casos de delitos y crímenes de lesa humanidad. Luchas que no estuvieron despojadas de intereses y tensiones. De cambios y permanencias.

Bayer continua diciendo en aquel texto del 24 de marzo de 2001: “El gran filósofo de la historia Jakob Burckhardt se hizo la pregunta de qué pasaría si Sócrates regresara a la sociedad actual y concluye que el destino de Sócrates, mutatis mutandi, se repetiría. Los ricos de hoy desaprobarían a Sócrates a causa de su desprecio por el consumismo, los poderosos lo definirían como un revoltoso subversivo, los intelectuales tomarían a mal su burla del academicismo, los burgueses aplicados lo considerarían un vago asocial. Entre la sociedad y el individuo –dice el filósofo–, hay en todos los tiempos tensiones parecidas. Quien no cree en nuestros dioses, es un ateo; quien trata de socavar nuestro poder, es un anarquista; quien duda de nuestros valores, es un nihilista. Sócrates se comparó a un tábano, que debía impedir el sueño de los atenienses. Termina diciendo: ‘y a los tábanos se los mata’. Muchos de los jóvenes desaparecidos, tal vez no hayan sido Sócrates, pero sí tábanos, que trataban que no nos durmiéramos conformes en una sociedad increíblemente egoísta y cínica”.

En medio de las polémicas que se suscitarán ante la muerte del Fiscal Strassera, proponemos darle  una vuelta más a la frase de Kant: no podemos privar a las generaciones futuras del usopúblico de la razón, diciendo que no debemos privarlas del recuerdo, de las historias, de las ideas, de las resistencias y rebeldías que fueron castigadas con tanta crueldad, con tanta brutalidad.

Otra cultura es posible si hay verdades, memorias, justicias que se concretan: atreverse al disenso, al debate, al desencuentro, al desacuerdo. La imposición de un pensamiento único también es fuente de violencia.