19. may., 2014

Sobre los dones y la hospitalidad en educación.

Por Angelina Uzín Olleros.

Conferencia en Tacámbaro.

Fragmento.

Noviembre 2004.

El ser humano no puede subsistir sin afecto, es una necesidad vital. El bebé humano no puede sobrevivir sin afecto. Es tan necesario saberse querido y aceptado, cobijado, contenido, tan necesario como respirar, comer, dormir. No podemos auto-abastecernos sin los otros. Somos animales sociales, animales políticos,somos con-vivientes. Somos en la medida en que nos reconocemos en la mirada del otro. El "homo hostilis" surge de los conflictos irresueltos, de los rechazos, de las contiendas interminables, de la impotencia.

Para muchos hacer política significa la construcción del enemigo; el que piensa diferente, el que defiende otra postura ideológica, el que milita en otro partido, el que viene de otras regiones, de otros territorios, bajo otro aspecto. Inmediatamente nos convertimos en su juez y le damos sentencia. Esa no es precisamente la manera más humanitaria de hacer política; como dice Sartre debemos realizar el striptease de nuestro humanismo para ver en qué forma justificamos nuestras agresiones.  

El legado cultural se construye al hilo del intercambio que se expresa en el triángulo de dar - recibir - devolver. 

Marcel Mauss investigó las formas de intercambio, los sistemas de prestaciones y la obligación de hacer regalos en las sociedades primitivas. Bajo la pregunta ¿qué fuerza tiene la cosa que se da, que obliga al donatario a devolverla?, él parte de la siguiente afirmación:  

"(...) el mercado es un fenómeno humano que se produce en todas las sociedades conocidas, aunque el régimen del cambio sea diferente al nuestro". Y, más adelante agrega: "En los derechos y economías que nos han precedido, jamás se verá el cambio de bienes, riquezas o productos durante una compra llevada a cabo entre individuos. No son los individuos, sino las colectividades las que se obligan mutuamente, las que cambian y contratan; las personas que están presentes en el contrato son personas morales: clanes, tribus, familias, que se enfrentan y se oponen, ya sea en grupos que se encuentran en el lugar del contrato o representados por medio de sus jefes, o por ambos sistemas" (1). 

La fuerza de la colectividad, del grupo de pertenencia, la impronta de los otros, marca la naturaleza del contrato. Mauss desarrolla la tríada dar - recibir - devolver en el concepto de "potlach" que quiere decir "alimentar" o "consumir". "La obligación esencial del potlach es la de dar".

El jefe de la tribu tiene la obligación de dar, conservará su autoridad en la medida que gasta y distribuye su fortuna y en este convite, en esta ofrenda se despliega la obligación de invitar. "El potlach, la distribución de bienes, es el acto fundamental del reconocimiento militar, jurídico, económico y religioso, en toda la amplitud de la palabra. Se reconoce al jefe o a su hijo y se les queda reconocido " (2). 
No es menor la obligación de recibir. "No se tiene derecho a rechazar un don, a rechazar el potlach".

Rechazar el potlach pone de manifiesto que se teme a la obligación de devolver y esto es declararse vencido de antemano. La obligación de dar, de invitar y de recibir está ligada al honor. "Los hombres han sabido comprometer su honor y su nombre mucho antes de saber firmar". En cuanto a la obligación de devolver dignamente, ésta resulta imperativa. Y Mauss afirma "dignamente", porque sólo es digno de recibir aquél que está en condiciones de devolver sin destruir. 

¿Estamos en condiciones de donar un legado cultural? ¿Nos disponemos a invitar para recibir ese legado? ¿Somos sinceramente hospitalarios? ¿Este dar está vinculado a una vocación de servicio que intente superar lo que las generaciones anteriores nos legaron? "Las sociedades han progresado en la medida en que ellas mismas, sus subgrupos y sus individuos, han sabido estabilizar sus relaciones, dando, recibiendo y devolviendo. Para empezar, ha sido necesario saber deponer las armas, sólo entonces se han podido cambiar bienes y personas, no sólo de clan a clan, sino de tribu a tribu, de nación a nación, y sobre todo de individuo a individuo; solamente después los hombres han podido crear, satisfacer sus mutuos intereses y defenderlos sin recurrir a las armas. De este modo el clan, la tribu, los pueblos, como ocurrirá mañana en el mundo que se dice civilizado por las clases, las naciones y los individuos, han de saber oponerse sin masacrarse,darse sin sacrificarse los unos a los otros. Este es uno de los secretos perpetuos de su solidaridad y de su sabiduría" (3). 

Como dice Wim Wenders al final de su película Tan lejos, tan cerca: Nosotros no somos el mensaje, somos los mensajeros, el mensaje es el amor.


(1) Mauss, Marcel. Sociología y Antropología. ("Sobre los dones y sobre la obligación de hacer regalos"). Madrid. Tecnos. 1971. Pág. 159-160. (2) Mauss, Marcel. Obra citada. Pág. 207. (3) Mauss,Marcel. Obra citada. Pág. 262.