El cine como situación filosófica.

7. may., 2014


Por Angelina Uzín Olleros
La producción cinematográfica de Jean-Luc Godard (1930) es extensa y ciertamente enriquecedora. Se trata de un director, crítico de cine, estudiante de Etnología en la Sorbonne en su juventud, que decidió mostrar la imagen con la misma fuerza en que presenta las palabras; por este motivo sus guiones exceden ampliamente un diálogo, para anunciarse como un texto reflexivo, crítico y comprometido. A finales de la década del ’60, Godard comenzó a incluir en sus filmaciones referencias al maoísmo y al marxismo - leninismo, ideas políticas vigentes entre intelectuales, sectores estudiantiles y obreros que participaron en el mayo francés. En esa época creó el Colectivo Dziga-Vertov junto a otros cineastas como Jean Pierre Gorin y Juliet Bertó. Godard decía que las suyas eran “películas revolucionarias para audiencias revolucionarias”.
Ya en los ’70 ensaya films en formato de videos, eso le permite “redactar” los acontecimientos, seguir un argumento alimentado por otros argumentos, historias dentro de otras historias. “Como un palimpsesto, cada plano es el resultado de una acumulación de capas, y su desciframiento, se sabe, depende tanto de la arqueología como de la imaginación (…) El cine no está necesariamente condenado a aquello que recibe del mundo, también consiste en lo que hace con aquello que recibe del mundo” (1)
De sus últimas películas vamos a destacar dos, Elogio del amor (2001) y Nuestra música (2004). En la primera se describen los cuatro momentos del amor: el encuentro, la pasión física, el desencuentro y la reconciliación. El protagonista convoca a parejas de diferentes edades de la vida para mostrar esos momentos del amor: en la infancia, la juventud, la edad adulta y la vejez. Dos cuestiones queremos señalar en esta tan breve reseña, podemos hacer coincidir estas cuatro edades con los cuatro momentos (infancia-encuentro; juventud-pasión física; adultez-desencuentro; vejez-reconciliación). En la búsqueda de los actores que protagonizarán la historia, el director concluye: “el adulto no existe”. Es la edad del desencuentro y la indefinición entre esos extremos entre el niño y el viejo. Hay otra película dirigida por la actual pareja de Godard, Anne-Marie Miéville, Después de la reconciliación que es de alguna manera la continuación de la anterior, nos recuerda a Eugene Ionesco al ubicar dos parejas que intentan comunicarse pero no lo logran; los jóvenes por un lado, los adultos mayores por otro. Al llegar al final de la vida, ellos se reconcilian con su pasado. Nuestra música, segmentada en tres momentos: el infierno, el purgatorio, el paraíso; nos lleva a recorrer imágenes de las guerras del siglo XX, un encuentro de poesía que traduce en sus personajes el desencuentro entre culturas diferentes y la discriminación ante el extranjero, en medio de una ciudad marcada por los bombardeos: Sarajevo; una heroína romántica que muere (¿se suicida?) y llega al paraíso custodiado por Marines. Valga la ironía en su máxima expresión.
Un film de Godard es mucho más que eso, es literatura, es poesía, es filosofía. Como él mismo advierte: “Es evidente que las películas son capaces de pensar de mejor manera que la escritura o la filosofía, pero esto fue rápidamente olvidado”. Godard no quiere olvidarlo, se propone pensar cinematográficamente la condición humana, su padecimiento, su derrotero, conjugando arte y pensamiento profundo, convocando a grandes pensadores a través de los diálogos y los argumentos. El suyo es un cine filosófico.
Como afirma Badiou: “El cine tiene relaciones muy particulares con la filosofía. Podemos decir que el cine es una experiencia filosófica. Tenemos dos problemas: cómo la filosofía mira al cine y luego cómo el cine transforma a la filosofía. La relación no es de conocimiento, no se trata de decir que la filosofía reflexiona y conoce al cine, es una relación viva, concreta. Y es una relación de transformación. El cine transforma a la filosofía, transforma la noción misma de idea. El cine no es más que la creación de una nueva idea. Otra forma de decirlo es decir que el cine es una situación filosófica” (2)
Invitamos a ver la situación filosófica en las películas de Godard, con ese “temple de ánimo” que va más allá de la tristeza y de la alegría, sosteniendo existencialmente los avatares de la humanidad que hay en cada uno de nosotros.
Notas.
(1) Oubiña, David. Compilador. Jean-Luc Godard: el pensamiento del cine. Paidós. Barcelona. 2003.
(2) Badiou, Alain. El cine como experimentación filosófica. Revista LOTE. Buenos Aires. Diciembre 2003. Año VII. Nro. 77.