9. may., 2014

El amor como condición de posibilidad de la filosofía.

Por Angelina Uzín Olleros.

La palabra ‘amor’ será pues aquí construida como una categoría de la filosofía, lo que es legítimo, tal cual se ve en el estatus del Eros platónico. Alain Badiou

En la tradición griega el acontecimiento del amor ha tenido diferentes expresiones, en primer lugar, Hesíodo define a eros como una fuerza originaria “...que relaja los miembros y domina dentro de su corazón la voluntad de los dioses y de los hombres...”. Para Hesíodo son cuatro las fuerzas originarias que posibilitan el origen del mundo y de las cosas. La primera es khaos (caos), la segunda es gaia (tierra), la tercera es tartaros y la cuarta es eros. Eros es la fuerza originaria que hace posible la reproducción (la generación) de todos los elementos de la naturaleza.

En el amor lo más divino del caos se hace deseo, ama y es amado; él es el gran anhelo y en su presencia cada fuerza sale de sí para ir al encuentro de otra fuerza, y deja atrás su soledad. Sin el amor los primeros dioses habrían permanecido sin descendencia, aún aquellos que en un comienzo pudieron engendrar por sí mismos, como Caos, la Noche y la Tierra. Así, el amor es el principio de la diferencia, pero de tal modo que en su encuentro los contrarios se complementan, engendrando una nueva reunión, una armonía segunda y superior.

Aristófanes dice: “No existía la raza de los inmortales hasta que el Amor reunió entre sí todas las cosas, y al mezclarse unas con otras, nació el Cielo, el Océano, la Tierra y la raza imperecedera de todos los dioses felices”. Aquí el amor es el origen del Cosmos, la forma como el Caos se ordena entre nosotros, y está llamado a completarse, una y otra vez. En el prodigio del Amor todas las cosas ocuparon su lugar, hubo un Cielo y una Tierra, y un sinnúmero de seres felices llenaron la vida con su resplandor, es la transfiguración.

El Amor es el principio de la felicidad, el reencuentro mismo del Caos, si bien sólo en el Infinito el Amor es posible, también, sólo al amante le es dado tocar la Infinitud con sus manos. En el Amor todas las fuerzas descansan, relajan sus miembros,  pero él mismo hace del Alma su morada, y en el Cielo de la Noche se resguarda. En la Teogonía de Hesíodo el Amor es un principio tan originario como Tártaro, la Tierra y el caos. Y, como ellos, el Amor simplemente nació; pero su aparición sólo acontece “en el tiempo oportuno”; entonces el Amor cierra los ojos, como la noche, como el sueño y el mito.

En la obra de Platón eros es un dios, el dios del amor. En su célebre diálogo El Banquete (o Symposium, que significa “beber juntos”) define al amor como deseo, porque amar es desear aquello que no se posee. En este sentido la filosofía es “amor a la sabiduría”, el filósofo es consciente de su ignorancia y ama (desea) el saber. En otro de sus diálogos Lisis, Platón habla del amor como philía (amistad), de ahí deriva el término familia, es el amor a los amigos cercanos, a los descendientes, a los familiares. La philía hace posible el sentimiento de fraternidad. Destacamos la relación que establece Platón en otro de sus diálogos el Fedro entre el amor y la locura, existen para el filósofo griego  dos formas de locura, una es provocada por la enfermedad humana (lo que hoy se conoce como psicosis); la otra es un trastorno de las reglas acostumbradas en virtud de una intervención divina.

De esto se deriva la distinción entre cuatro formas de locura, a saber, la locura poética que ha sido inspirada por las musas; la locura adivinatoria que fue inspirada por el dios Apolo; la locura mística inspirada por Dionisios y la locura más noble de todas que es el amor, inspirada por el dios Eros. En este sentido San Agustín dice que el amor es la locura divina, es la locura enviada por los dioses, la que posibilita la transformación.

En la mitología griega Apolo es el dios de la distancia, con su arco y su flecha “mide la distancia entre lo humano y lo divino”, que es infinita. Platón afirma que sólo el amor nos acerca a lo divino; por otra parte, Apolo (lo apolíneo es la perfección) es el dios que hiere a distancia. Esa herida de la búsqueda de lo perfecto, de la unión de las partes que originariamente pertenecieron a un todo.

El eros, entonces,  es el amor – deseo, de ahí deriva el término erótico, pero no solamente hace alusión al amor carnal, lo erótico es el deseo por alcanzar lo inalcanzable, es la presencia en la ausencia. Estar habitado por el ser amado en su ausencia física. La philía, en cambio,  es un amor calmo, el amor de la amistad y la familia. Existen por otra parte, dos divinidades menores relacionadas con el amor. Una es Philotes, el amor carnal, el amor físico. Otro es Anteros, el amor recíproco, el amor correspondido.

Eros es el dios universal del amor, el más grande de los dioses, hace posible la vida, genera la vid, curiosamente nunca ha sido personificado. En Grecia no existen templos para Eros, sí para los otros dioses. La primera personificación del amor es la de Afrodita (que significa espuma del mar), es la diosa del amor, esto significa que la primera personificación del amor es una mujer, el amor se hace humano a partir de lo femenino. Platón distingue entre dos afroditas, la terrestre (el vulgo) y la celeste (la areté), esto se relaciona con la idea del verdadero amor que es aquel que trasciende el cuerpo, la materia; es el que permanece en el tiempo a pesar de las adversidades y de las imperfecciones. Es lo que hoy se difunde como “amor platónico”.

La filosofía es definida entonces, en sus comienzos, como amor a la sabiduría, de este modo, nosotros podemos pensar al amor como condición de posibilidad de la filosofía, no ya en un sentido kantiano de lo independiente de la experiencia, sino como lo constitutivo a la naturaleza del filosofar. La filosofía es esa búsqueda de un saber (de una verdad) sin objeto, es en cierto modo un no lugar, es deseo por lo que está ausente y nunca puede llegar a presentarse de manera absoluta a nuestros sentidos y nuestro entendimiento.

Amor como fuerza originaria que posibilita el filosofar como acción y como un dios sin personificación. Alfonsina Storni dice en uno de sus poemas... Mi corazón es como un dios sin lengua... la lengua de la filosofía, la que posibilita la palabra es esta instancia originaria de la puesta en acto del lenguaje filosófico a partir de la locura divina, del estar fuera, sin lugar, en una instancia sin personificación alguna, sin cuerpo, sin imagen. Puro deseo, lanzado desde el misterio de la existencia, desde la incompletud del ser. Por esta razón el corazón de la filosofía es esa inquietud por lo no sabido, por lo no hallado, por la ausencia de un saber sin género ni especie.

El amor como fuerza, como pulsión, como divinidad imaginaria e imperfecta, como locura, es la llama que aviva la energía del pensamiento y la acción filosofante. El sol de las ideas platónicas es una forma de resolver el problema de lo múltiple, la vocación por el uno que anula toda diferencia. ¿Pero es posible pensar filosóficamente sin la diferencia?, ¿sin la multiplicidad?

El amor como philía es la metáfora de la convivencia, y no hay convivencia posible sin la diversidad de rostros que habitan el symposium, es que bebiendo juntos hacemos la filosofía como un programa colectivo, como diálogo en el que debe imponerse lo genérico como experiencia de la humanidad.

En el planteo filosófico de Alain Badiou existen cuatro condiciones de la filosofía: el matema, el poema, la invención política y el amor; la relación entre la filosofía y sus condiciones se encuentra bajo la posibilidad de un pensamiento del ser, apuesta por definir la filosofía desde un propósito fundador. Estas condiciones son “procedimientos genéricos”, es decir que posibilitan pensar el fundamento de lo que es.

Para Alain Badiou la filosofía no es matema, ni poema (arte), ni política, ni amor; lo característico de la filosofía radica en el hecho de “composibilitar” estos procedimientos genéricos que, por fuera de la filosofía, operan por separado. A su vez, estos operadores de “composibilidad” son capaces de pensar conjuntamente las condiciones. Pensar filosóficamente es hacer pensar esta composición conjunta de las condiciones. La filosofía no es ciencia ni es arte, pero ella es la que compone y posibilita la conjunción de lo artístico y lo científico como operadores de verdad, de este modo articula dos términos en un neologismo: “compossibilité“, que une dos conceptos “composer” (componer) y “possibilité” (posibilidad). Como producción de verdad es el procedimiento de composibilitar las operaciones de verdades matemáticas, artísticas, políticas, amorosas en lo “acontecimental” (événementiel).

De las cuatro condiciones de la filosofía, el amor es la instancia que articula a las demás, porque es en el amor que se manifiesta la experiencia de la humanidad. Badiou dice al respecto: “Por 'humanidad' yo entiendo lo que hace de soporte para procedimientos genéricos, o procedimientos de verdad. Hay cuatro tipos de tales procedimientos: la ciencia, la política, el arte y - justamente- el amor. La humanidad es atestiguada si, y sólo si, hay política (emancipadora), ciencia (conceptual), arte (creador) o amor (no reducido al conjunto de una sentimentalidad y de una sexualidad). La humanidad es lo que sostiene la singularidad infinita de las verdades que se inscriben en estos tipos. La humanidad es el cuerpo historial de las verdades” ( Badiou, A. Condiciones. Pág. 246).

El amor es, entonces, el lugar donde se enuncia el problema de la verdad como una cuestión

Sexuada, admitimos que existe una manera masculina y otra femenina de tratamiento de la verdad. Este conflicto sexuado de saberes se piensa a partir de la división del uno en dos, el amor es también el lugar donde se enuncia que hay dos cuerpos sexuados y no uno.

¿Qué significado encontramos en el acto del amor? Para Lacan Amar es dar lo que no se tiene...; en el sentido del filosofar, es dar un saber que se sabe perspectivo e incompleto, que no escapa a la inconsistencia propia del devenir humano; es este oficio de dar como ofrenda, como herencia aquello que se sabe siempre en camino sin puerto ni meta absolutas. La filosofía es un saber consistente sobre la inconsistencia del mundo, también es dar lo que no se tiene porque, por obra del amor, como locura divina, nos transforma al punto de hacer y decir aquello que en otro temple de ánimo sería imposible. La posible imposibilidad del filósofo radica en esta continua transformación, arrojada desde lo divino, que lo hace humano, genéricamente humano, ni femenino ni masculino.

Alain Badiou dice que: “Es lo que ya dejaba presentir Platón, cuando indicaba que su famoso prisionero evadido de la caverna y encandilado por el sol de la Idea, tenía como deber volver a la sombra y hacer que sus compañeros de servidumbre se beneficien de aquello que, en el umbral del mundo oscuro, lo había capturado”  (Badiou, A. La Ética. Pág. 136). Luego agrega: « Hemos evocado este tema (de la verdad) a propósito del 'retorno' del prisionero de Platón a la caverna, que es el retorno de una verdad hacia los saberes. Una verdad 'agujerea' los saberes, es heterogénea a ellos, pero es también la única fuente conocida de saberes novedosos. Diremos que la verdad fuerza los saberes » (Badiou, A. Obra citada. Pág. 144).

Badiou afirma que “la amistad es un amor calmo y el amor una amistad excesiva”. El amor es la experiencia de ser dos, por lo cual se rompe el uno. El uno de lo genérico, de la experiencia de la humanidad. Dice al respecto: “Creo que la distinción entre la amistad y el amor es más bien de proyecto, más que de intensidad y afectos. La amistad es una suerte de intercambio a propósito de la experiencia del mundo, una manera de ser compañeros en la experiencia del mundo, y la elección del amigo se hace en esa dimensión, mientras que el amor es realmente una experiencia de la dualidad, de la diferencia. El amor, como proyecto, se refiere a qué es ser dos. Por otra parte, puede haber un grupo de amigos, puede haber tres, cuatro amigos que salen a pasear, a tomar algo y charlar juntos; en general, en el amor, son dos. Entonces, hay una diferencia, pero no me parece una diferencia tan radical. En el fondo, podríamos decir que la amistad es un amor calmo, mientras que el amor es una amistad excesiva. Pero son cuestiones más de tensiones que de diferencias cualitativas”.

El mito que describe al amor como encuentro de dos mitades que fueron separadas por castigo de los dioses nos lleva a preguntarnos si el amor ¿es dos o es tres?; ante  la pretensión neurótica de querer ser el Uno del Otro, excluidos del tres, Lacan nos recuerda en el Seminario 21 que el amor son dos medios “decires” que no se recubren. La tensión que existe entre el decir y lo dicho, como dos momentos constitutivos de la verdad del sujeto de lo inconsciente, es expresada por Lacan con este concepto de “mediodecir” (mi-dire) o “decir a medias”; esto significa que la verdad del sujeto no se puede decir toda, el ocultamiento del decir en lo dicho, afecta al modo de referirse a la verdad en el análisis. El sujeto del deseo es sólo recuperable en el plano de la enunciación, y al mismo tiempo resulta inalcanzable como “decir pleno”. Esta oposición entre decir pleno y medio-decir en Lacan no es una cuestión de estilo, sino que forma parte de los postulados que surgen de una cuidadosa lectura del tema del nacimiento de la cultura en la obra de Sigmund Freud y de la teoría freudiana del incesto.

Cuando el neurótico intenta recubrir estos dos medios “decires” que no se recubren, se constituye lo fatal (lo trágico). Es la división irremediable porque para eso no hay remedio, pero sí hay algo que interviene a título de medio. Si el amor deviene medio, no es lo fatal, ya no es la "até" griega, la fatalidad del destino, tragedia pensada como el intento de superar lo imposible.

La castración de la que habla el psicoanálisis  no instaura una bipolaridad sexual, sino que la hace imposible; el Otro sexo no es demostrable, instancia del malentendido entre los sexos. Hay dos sexos, ni uno ni tres, pero es posible la existencia de estos dos por el tres, el tres es cardinal, no tercero; y como dice Lacan es lo real. Cada sujeto habla desde el lugar que lo marca y que lo orienta, en el ideal de su sexo, con lo cual habría dos lugares desde donde el sujeto habla; por ende la interpretación analítica estará orientada tanto del lado Uno (fálico) como del lado Otro.

La interpretación analítica hace un corte de lo verdadero con respecto a la verdad, es decir de qué modo la interpretación del acontecimiento toca lo real. Esto opera en la transferencia que como dice Lacan revela la verdad del amor; la experiencia del amor divide, rompe el Uno para ser padecido en el dos pero aquí se presenta la arrogancia del deseo de restituir a los amantes en una unidad originaria.

El destino humano cuando está fijado por los dioses es la encerrona trágica, lo inevitable, la tragedia griega es la expresión literaria de este destino sin salida, sin solución posible; aun reconociendo la función didáctica de la tragedia que nos enseña a lidiar con el conflicto, filosofía y psicoanálisis comparten el intento de poder salir del sentimiento trágico para encontrar una alternativa.

El amor como locura divina, enviada por los dioses, es en cierto modo la expresión del Otro que envía la posibilidad de transformación. ¿Es este el sentido que guarda la etimología de la palabra filosofía? Para Badiou la filosofía es como un amor sin objeto, en consecuencia, el filósofo se comporta como un enamorado sin amada, como un amante en espera. Es así que expresa: “En el orden del amor, del pensamiento del amor como portador efectivo de verdades, el acontecimiento lo constituye la obra de Jacques Lacan (...) Puede parecer extraño hacer de Lacan un teórico del amor, y no del sujeto, o del deseo. Lo que ocurre es que examino aquí su pensamiento desde el estricto punto de vista de las condiciones de la filosofía (...) Es probable (...) que el amor no sea un concepto central de la obra explícita de Lacan. Sin embargo, a través de las innovaciones de pensamiento que tratan del amor, su empresa constituye acontecimiento y condición para el renacimiento de la filosofía (...) Porque es a partir del amor como se piensa el Dos en tanto que división del dominio del Uno, del que sin embargo soporta la imagen (...) Diré en mi lenguaje que el amor hace advenir como multiplicidad sin nombre, o genérica, una verdad sobre la diferencia de los sexos, verdad evidentemente sustraída al saber, especialmente al saber de los que se aman. El amor es la producción, fiel al acontecimiento-encuentro, de una verdad sobre el Dos” (Badiou, A. Manifiesto por la filosofía. Pág. 53-55). Pensamiento que tiene sus consecuencias en el planteo ético y político de la obra de Badiou.

Para concluir citamos otro breve texto de él en el que expresa una síntesis de su postura: “La historia de la filosofía es la historia de su ética: una sucesión de gestos violentos a través de los cuales la filosofía se retira de su reduplicación desastrosa... La filosofía en su historia no es más que una desustancialización de la Verdad, que es también la autoliberación de su acto” (Badiou, A. Condiciones. Pág. 73).

El camino hacia la verdad debe evitar que el filósofo se confunda con su doble: el sofista y no renunciar al hecho de que la verdad, como para Platón, se demuestra, ya que no es mera persuasión. Si a Platón la muerte de su maestro lo llevó a filosofar, hoy podemos continuar su legado al amar la verdad y amar la ley, en una época en la que también intentan matar al filósofo los nuevos sofistas en sus declamaciones del fin de la filosofía como programa emancipatorio y del fin de  la política como quehacer revolucionario.

Bibliografía

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BADIOU, Alain. Manifiesto por la filosofía. Nueva Visión. Buenos Aires. 1990.

BADIOU, Alain. Condiciones. Siglo XXI. México. 2002.

BADIOU, Alain. Abrégé du metapolitique. Seuil. París. 1998.

BADIOU, Alain. Reflexiones sobre nuestro tiempo. Interrogantes acerca de la ética, la política y la experiencia de lo inhumano. Conferencias en Brasil. Ediciones Del Cifrado. Buenos Aires. 2000.

BADIOU, Alain. Radar Libros. Suplemento Literario de Página 12. Año V. N° 310. Buenos Aires. Domingo 12/10/2003. « Imágenes de la emancipación ». Entrevista de Cecilia Sosa.

BADIOU, Alain. Suplemento ZONA. El Clarín. Buenos Aires. Domingo 11/7/2004. Entrevista de Claudio Martyniuk « La amistad es un amor calmo, el amor una amistad excesiva ».

LACAN, Jacques. Seminario 21. 1973-1974.

TARBY, Fabien. La philosophie d’Alain Badiou. L’Harmattan. Paris. 2005.