8. may., 2014

Diálogo con Carlos Skliar.

Biblioteca Vila de Gracia en Barcelona.

Las tríadas de la palabra.

Angelina: el encuentro que propone tu seminario no se debe a tus palabras sino más bien a la experiencia de tus palabras, a la manera en que se presenta tu discurso.

Es el intento de dar una respuesta a una pregunta inexistente, ya que tus palabras no son preguntas, parecen de a ratos sentencias, como aquéllas de Nietzsche que oficiaban de martillo para derrumbar el edificio de la filosofía.

Cada instancia de recorrido textual por el camino que has mostrado se resuelve y se disuelve en sucesivas tríadas.

1)Anarquismo,escepticismo, nihilismo.

Carlos: Anarquismo porque no encuentro autoridad, tal vez porque yo mismo no quiero erigirme como autoridad, no soy filósofo, no soy científico, no soy poeta. Pero voy a filosofar, a formular conjeturas y a poetizar.

Angelina: No es en un cuerpo de doctrina, sino en la propia experiencia por decir las palabras que me auxilian y me traicionan al intentar comunicarme, aquí se abre el camino del escéptico.

Carlos: Escepticismo porque el primer problema, o el problema originario en la cultura occidental ha sido éste, el de la permanencia en el cambio, el de lo uno y lo múltiple. Qué es lo que permanece y qué es lo que unifica.

Angelina: Si todo cambia, deviene, se transforma, ¿cuál es la verdad?, ¿qué discurso es el verdadero?, ¿qué apariencia muestra la verdadera esencia?

Carlos: Y por esto es también nihilismo porque ¿lo contrario al ser es el no ser o la nada? ¿Cuánto tiempo durará lo que soy y a partir de qué o de quién comenzaré a ser otro?

Angelina: La nada, dice Heidegger, es el anonadamiento del ser, es como dejarlo en suspenso, es pensar desde la temporalidad el continuo fluir entre el ser y el no ser. ¿Quién soy yo? no es una entidad fácilmente definible, a cada paso voy transformándome, descomponiéndome, desarmado, a veces aniquilado.

Carlos: La vida y la muerte no son un antes y un después, están danzando en un juego de bienvenidas y despedidas, de palabras y silencios, de amor y desamor, de odio e indiferencia.

2)Explicación, comprensión, hermenéutica.

Carlos: La ciencia moderna intenta explicar el mundo, explicar la naturaleza, explicar la sociedad y el hombre.

Angelina: Partimos de una observación desprovistos de los ídolos de la tribu, según Bacon, formulamos hipótesis, las verificamos metódicamente, confirmamos, definimos, codificamos, clasificamos. ¿Se puede explicar el sufrimiento, el desamparo, la desesperación, la angustia?

Tal vez se trata de comprender, de abrir todos nuestros sentidos, de rompernos por dentro, de retomar la idea antigua de un caos que se ordena, de un estallido que está en expansión. Y en ese caos, en esa dispersión estamos todos nosotros tratando de encontrarnos los unos a los otros y de darnos un sentido.

Carlos: O quizás esto se puede interpretar, como un gran texto, como un contexto, con significados, significantes, relacionando la palabra con la palabra, la palabra con la cosa y la palabra con el hablante.

Angelina: ¿Y el oyente? ¿Es un destinatario o es un interlocutor? ¿Acaso la violencia hermenéutica de nombrar al otro me exime de la violencia de la explicación y la de la comprensión?

3)Experiencia, temporalidad, espacialidad.

Carlos: La palabra incomunica, porque la experiencia es intransferible. ¿Alguien sabe a ciencia cierta cómo siente el otro?

Angelina: Cada uno de nosotros es una conjugación única e irrepetible de temporalidad y espacialidad. El umbral del dolor es tan múltiple como individuos que sufren, cada uno padece en un tiempo y espacio que sólo le pertenecen por su pasado, por sus otros internos, por su propia experiencia humana y deshumana, casi animal, casi divina.

Carlos: Por eso no escribo un tratado de lógica, ni un manual de filosofía, ni un paper academicista o academizante. Escribo un ensayo, como un experimento que abarca mi experiencia y mi palabra, mi sentir y mi decir, mi incertidumbre y mi desasosiego.

Estoy desnudo, a la intemperie, exiliado de mi infancia, despojado de todo ropaje exterior y de toda sensatez interior. Mi tiempo y mi espacio están amurallados por mi cuerpo, por mis cicatrices, por mis heridas aún abiertas.

Angelina: Sin embargo uno insiste en la palabra, no para imponer sino para proponer, no para competir sino para compartir, para ensayar encuentros, para ensayar acuerdos, para ensayar amores, para ensayar amistades.

4)Duda, sospecha, desconfianza.

Carlos: Si todo cambia y todo deviene, entonces voy a dudar, tal vez este mundo exterior sea sólo una ficción, un engaño, pero ¿cómo me sostengo?, ¿con qué me contengo?, no puedo hundirme en arenas movedizas, la duda radical ¿a dónde me llevará? A ningún sitio, pero la duda es parte del pensamiento, eso lo decía Descartes y llegó al dogmatismo de las ideas innatas, claras y distintas. No, no soy un cartesiano.

Entonces, sospecho, voy a sospechar del progreso, de la transparencia, de las verdades, de las certezas. Algo encubre el discurso, las apariencias, las supuestas esencias. Hay que desenmascarar el discurso, las palabras, las imágenes. Son meros simulacros.

Angelina: Pero ¿puedo vivir sospechando de todo? Si sospecho, existo y si existo pienso. ¿Cuál es la diferencia entre dudar y sospechar?, la duda es metafísica y la sospecha es gnoseológica. Ya estoy clasificando, aunque quiera despojarme de la episteme, ella inunda todo. Por eso hay quienes escriben los diccionarios, porque sospechan que las palabras pueden tener más de un significado, entonces colonizan el lenguaje y se dedican a mostrar lo que vale en el discurso.

Carlos: Un diccionario es el intento por atrapar el significado, tan inasible como la experiencia, una misma palabra es tantos significados como temporalidades y espacialidades posibles.

Voy a desconfiar de todos los diccionarios y los glosarios. También voy a desconfiar de los traductores, de las traducciones, de la semiótica, la sintaxis y la semántica.

Angelina: Un diccionario es una ilusión necesaria, tan necesaria como la comunicación, pero entonces ¿esto no es Babel? Sí, estamos en Babel, pero además del lenguaje escrito en la palabra y pronunciado en el discurso, hay otros lenguajes. El lenguaje del cuerpo, de las manos, de la boca, de los ojos.

Carlos: "Nuestro cuerpo es una mesa donde no se celebra nada". A veces es así, pero otras veces el cuerpo es un banquete, una celebración amorosa entre uno y otro, entre una y otra, entre otra y uno... Otras veces nuestro cuerpo es un altar, ahí se sacrifica la experiencia propia y se sacrifica la ajena, se enajenan, se alienan, se invaden, se mutilan.

Angelina: El cuerpo es eros, es deseo, es encuentro, donde no buscamos el significado de las palabras sino el sentido y el sinsentido de estar vivos.

Cuando no encontramos las palabras, cuando la experiencia nos enmudece, nos amordaza, viene el grito, el llanto, la risa, otro lenguaje, otro discurso, otro relato.

5)Erótica,dietética, terapéutica.

Angelina: Para Platón amor es deseo, se desea a partir de una falta. La erótica del logos no es un alejamiento del mito, es su consumación, su fallido. Pensar como deseo de plenitud, de comunión con nuestro cuerpo y nuestro instinto de conservación, entonces viene la dietética, cómo cuidar nuestro hábitat, nuestro entorno, nuestros otros queridos y nuestros otros heridos, humillados.

Carlos: Pensar, hablar, gesticular,abrazar, besar, mirarse a los ojos, como terapéutica para soportar nuestra finitud y nuestra levedad.

Angelina: Poder sostener la mirada, sostenernos ante las verdades, las fatalidades, sin arrancarnos los ojos edípicos, sin estallar narcisísticamente frente al espejo. 

Carlos: Amar la multiplicidad, sin condenarnos al uno, desear lo múltiple sin pretender ser el centro del universo.