Deuda, intercambio y don.

27. mar., 2016
11. sep., 2014

 

 “…nosotros que quisimos preparar el terreno para la bondad no pudimos ser bondadosos. Más vosotros, cuando llegue el momento en que el hombre sea un amigo para el hombre, recordadnos con indulgencia”. Bertolt Brecht.

Por Angelina Uzín Olleros (*)

Para Cultura Mundi de El Diario.

Son numerosas las teorías y los ensayos escritos sobre la cuestión del lazo social, ¿cómo es posible establecer un vínculo con otros e ir más allá de la mera necesidad de subsistencia? Disciplinas como la Antropología y la Sociología han defendido diferentes posiciones al respecto, asimismo la Economía aporta sus investigaciones en relación a los tipos de organización en diferentes sociedades con o sin moneda, retratando de alguna manera las condiciones de intercambio y el valor otorgado a  los objetos en diferentes situaciones de circulación de mercancías o productos.

Los seres humanos que por naturaleza, afirma Aristóteles, somos sociales y políticos, somos portadores de la posibilidad de relacionarnos e intercambiar, en diferentes escenarios que hacen a la “polis”: el mercado (valor de uso), la asamblea (valor político), el teatro (valor estético). Circulan objetos, se despliegan debates, aparece la representación, la autoridad, el ciudadano.

La naturaleza y la cultura hacen posible el mundo simbólico en una red de herencias que nos acercan o nos alejan de los demás seres vivientes. Por un lado la tesis naturalista defiende la herencia genética como la única que nos define; por otro las ciencias humanas en general apuestan por la herencia cultural como la principal característica de la condición humana. La posibilidad de la convivencia, de vivir con otros, requiere de un mundo compartido, en el que las jerarquías y la característica del “reparto” nos ubican en un lugar de la sociedad y de las instituciones. En nuestra singularidad, como un haz de luz[i], se conjugan todas las herencias y nos hacen únicos al mismo tiempo que una parte de la expresión total de la comunidad a la que pertenecemos.

Rituales, creencias, mitos, certezas, memorias, son entramados que nos llevan a definirnos en una identidad individual y colectiva simultáneamente. El debate político y económico al que nos conduce esta circunstancia trae aparejado un debate ético en el que las valoraciones son morales, de ley y obligación moral.

En su Ensayo sobre el don Marcel Mauss investigó las formas de intercambio, los sistemas de prestaciones y la obligación de hacer regalos en las sociedades primitivas. Bajo la pregunta ¿qué fuerza tiene la cosa que se da, que obliga al donatario a devolverla?, él parte de la siguiente afirmación: "(...) el mercado es un fenómeno humano que se produce en todas las sociedades conocidas, aunque el régimen del cambio sea diferente al nuestro".

Para este autor "En los derechos y economías que nos han precedido, jamás se verá el cambio de bienes, riquezas o productos durante una compra llevada a cabo entre individuos. No son los individuos, sino las colectividades las que se obligan mutuamente, las que cambian y contratan; las personas que están presentes en el contrato son personas morales: clanes, tribus, familias, que se enfrentan y se oponen, ya sea en grupos que se encuentran en el lugar del contrato o representados por medio de sus jefes, o por ambos sistemas". 

Mauss desarrolla la tríada dar - recibir - devolver en el concepto de "potlach" que quiere decir "alimentar" o "consumir". "La obligación esencial del potlach es la de dar". El jefe de la tribu tiene la obligación de dar, conservará su autoridad en la medida que gasta y distribuye su fortuna y en este convite, en esta ofrenda se despliega la obligación de invitar.
"El potlach, la distribución de bienes, es el acto fundamental del reconocimiento militar, jurídico, económico y religioso, en toda la amplitud de la palabra. Se reconoce al jefe o a su hijo y se les queda reconocido". Esto nos recuerda a la virtud de la “magnanimidad” de la que habla Aristóteles al final de su Ética a Nicómaco.

No es menor la obligación de recibir. "No se tiene derecho a rechazar un don, a rechazar el potlach". Rechazar el potlach pone de manifiesto que se teme a la obligación de devolver y esto es declararse vencido de antemano, es reconocer la imposibilidad ética de dar respuesta, de ser “responsable”.  Por su parte esta obligación de dar, de invitar y de recibir está ligada al honor: "Los hombres han sabido comprometer su honor y su nombre mucho antes de saber firmar". En cuanto a la obligación de devolver dignamente, ésta resulta imperativa. Mauss afirma "dignamente", porque sólo es digno de recibir aquél que está en condiciones de devolver sin destruir; somos deudores de un patrimonio cultural, debemos proteger esa herencia para “devolvérsela” a las generaciones que vienen.

En su Ensayo el autor concluye afirmando que: “Las sociedades han progresado en la medida en que ellas mismas, sus subgrupos y sus individuos, han sabido estabilizar sus relaciones, dando, recibiendo y devolviendo. Para empezar, ha sido necesario saber deponer las armas, sólo entonces se han podido cambiar bienes y personas, no sólo de clan a clan, sino de tribu a tribu, de nación a nación, y sobre todo de individuo a individuo; solamente después los hombres han podido crear, satisfacer sus mutuos intereses y defenderlos sin recurrir a las armas. De este modo el clan, la tribu, los pueblos, como ocurrirá mañana en el mundo que se dice civilizado por las clases, las naciones y los individuos, han de saber oponerse sin masacrarse, darse sin sacrificarse los unos a los otros. Este es uno de los secretos perpetuos de su solidaridad y de su sabiduría".  El planteo de Mauss es consecuencia de sus investigaciones etnológicas en comunidades pre-capitalistas, mantiene su vigencia en cuanto que las comunidades deben progresar moralmente en esa tríada entre la deuda y el don que hace posible el intercambio generacional.

En otra investigación que concluye en el libro La Monnaie Souveraine, cuyos compiladores son los economistas Michel Aglietta y André Orléan y son autores del capítulo “Orden monetario de las economías de mercado”, sostienen en ese texto la tesis que afirma que la moneda no se reduce a un cálculo racional de costos y beneficios sino que moviliza creencias y valores a través de los cuales se afirma la pertenencia a una comunidad. La moneda en la modernidad sigue siendo la expresión de la sociedad como totalidad, ella conserva el status de operador de la pertenencia social, se presenta ante los individuos como una norma de base de la sociedad de la misma manera que la ley o la prohibición moral. Para ellos con la moneda se juega una relación particular de los individuos con la totalidad social porque no es solamente el producto de un proceso exclusivamente vinculado con el intercambio mercantil, sino que es fundamentalmente una institución social.

Según estos autores, el vínculo social está fundado en la deuda. Afirman que “Las relaciones interindividuales aparecen aquí como un conjunto de deudas recíprocas que sólo se forman en razón de la sumisión de cada individuo a un principio común, que hace de cada deuda una relación del individuo con el conjunto”.

En todas las culturas la deuda contraída con el pasado y las deudas en el presente de esos grupos, hacen de elemento necesario para el vínculo social; como así también son fuente de conflicto en la medida en que esas deudas no puedan saldarse.

“La deuda toma las formas más diversas según ella establece una obligación hacia los dioses, los ancestros, el soberano u otra persona. Su expresión puede ser o no cuantitativa, y su anulación puede exigir ciertas acciones y conllevar consecuencias bastante diferentes. En todos los casos la anulación de una deuda, o su renovación, es la ocasión de una totalización social”.

Esto significa que el carácter social de una deuda compromete aquello que sostenía Mauss: la obligación moral de entregar -devolver- un legado a las generaciones venideras. Esto significa para la generación que gobierna en el presente histórico la necesidad del acompañamiento del conjunto de la sociedad, para dar respuesta a la situación de endeudamiento en la que se encuentra un país o una institución.

(*) Dra. en Ciencias Sociales.



[i] La luz está formada por ondas, se propaga en todas direcciones y siempre en línea recta. Las ondas luminosas son diferentes a las ondas sonoras, ya que pueden propagarse a través del vacío y se llaman ondas electromagnéticas. El hombre sólo puede ver algunas de estas ondas, las que forman el espectro luminoso visible. Los objetos que reciben la luz se llaman cuerpos iluminados.